viernes, 4 de mayo de 2007

LLEGAIS JUSTO A TIEMPO...


¡Bienvenidos!
Hoy los chicos llevaremos el pelo largo y pantalones de campana. Vosotras, por ser hoy, estrenaréis la minifalda. Las casadas dependeréis totalmente de vuestros maridos y todos careceremos del derecho de huelga...
¡Estamos en los años 60!
Podéis pisar la moqueta de mi casa y tirar la ceniza en cualquier cenicero. ¡Se puede fumar hasta en los aviones! Poneros cómodos, por favor. Tomaros vuestro tiempo.
Está sonando en mi tocadiscos una grabación de Joan Baez. Es el concierto de Newport de 1959. Es la universitaria revelación, y está estrenando, sin saberlo, la llamada “canción protesta”. ¿Os gusta? Amanece una década... Amanecen los sesenta....
El sol que brilla no es otro que un cuarteto de Liverpool, que se erige como el astro rey en el escenario del flower power. Estrella rutilante que eclipsa a grupos tan controvertidos como “The byrds”, “The animals”, The zombies”...
Dicen que los artífices de la canción “good vibrations”, los chicos de la playa, son los únicos que hicieron algo de sombra a los gigantescos Beatles. Os pondré “California dreamin”, aunque es una versión de otro grupo californiano y de la época. ¿Alguien lo sabe?.
- ¡The mammas and the papas! –exclama Annita sin dudar.
-Efectivamente, Annita, veo que estás puesta. ¡Qué voz tiene Mama Cass!
Alemania está de moda. Todos los españolitos de a pie están emigrando. Salen del pueblo con lo puesto a ganar unos duros pal seiscientos...
Suecia se ha quedado plantada en este 1964 con “la náusea” de Sartre. ¡El tío, además de bizco, ha rechazado el Nobel de literatura!
¿Qué dice la prensa Internacional? Sandra, por favor, lee el ABC que tengo ahí.
- San Francisco se empaña de LSD y de psicodelia barata y en 1968 los Beatles han sacado uno de los mejores discos de su historia, el llamado doble blanco, que tanto gustó a Charles Manson y tan poquito a Polanski. Grandes disturbios en París. La primavera de Praga...
–Gracias reina, lees muy bien. –Le daré unas caladillas a María, sin que se entere nadie... ¡No seréis menores! Ay madre... Vaya ejemplo.
Bueno, Ángel, por favor, ponme la de “Helter Skelter” de los Beatles; que todavía no lo sabemos, pero veinte años más tarde la versioneará U2. Para mí ya sabéis que es una canción importantísima en la Historia de la música. ¡Es música heavy en 1968! Mmm ¡Cómo mola el vinilo! La pena de esta libertad tan entusiasta es que acabará en libertinaje, dejando tres entierros... los de Janis Joplin, Jimmy Hendrix y Jim Morrison. Palman todos a los 27 años, en gran medida por las drogas... Así que si hay menores ya sabéis, ¡no probéis las drogas nunca! Hoy todavía no sabemos lo malas que son... ¡aún estamos en 1969!
Nos quedaremos con el recuerdo de los conciertos de Woodstock, Monterrey o el increíble festival de la isla de Wight. Vietnam dará paso a un escenario dantesco que abrirá otra época cofusa... la de los 70...
Bueno, a ver, desconocido; tú que nos vigilas desde tu ordenador... aunque vayas vestido con ropa futurista te dejamos opinar... Mi casa es tu casa.
-Hola chicos, perdón por la intromisión, -susurras sorprendido.
-Estás invitado, tranquilo. Mayor intromisión que un joven del 78 en la época de nuestros padres...” –Todos reímos y tú nos dedicas estas palabras tan hermosas...
-...

miércoles, 2 de mayo de 2007

un semáforo en rojo.


Cerca de Bondo (Congo), pasa un río llamado Uele. Esta región tan deprimida económica, social y democráticamente tiene entre sus gentes a los niños con las sonrisas más hermosas del mundo. Sin saber quienes fueron los Beatles disfrutan con la música que les regalan las aves tan raras que beben del río Uele. Los atardeceres... Ver uno es ver el rostro de Dios dándonos las buenas noches.En Madrid, capital de la octava potencia mundial, con un PIB (un poquito sólo) mayor que el del Congo, hoy he visto a un señor conduciendo una Ferrari (y digo una porque los amigos de Módena llaman a estos coches la Ferrari, al ser la máquina por excelencia). Ese señor iba muy serio, acelerando en un semáforo todavía en rojo. Rojo prohibido, rojo como su coche, como su máquina y como su corazón.Un niño del Congo puede esperar durante horas a que su madre le traiga algo de comer del mercado, jugando con un balón de trapo o con un coche de juguete fabricado con plásticos. El congoleño tiene muchos amigos; porque el antiguo Zaire, hoy Congo, tiene uno de los índices de natalidad más grandes de África. El conductor acelerando ha quedado con su chica en un bar de la capital. Llega tarde.La gente lo mira con admiración mientras espera la luz verde del semáforo. Tiene un lifting y sin saber por qué, lo recuerda en el mismo instante en que cruzo por el paso de cebra caminando. Nos miramos. Yo estoy sonriendo porque le he leído el pensamiento, porque sé que no sabe donde está el Congo, porque supongo que su chica también ha pasado por el quirófano y porque soy el único que lo ve como un simple mortal.Mientras la Ferrari vuela por el asfalto y desaparece entre el asombro de viandantes miro al cielo y me enfado. Tengo envidia de aquél niño de Bondo que a estas horas estará viendo desde su casa una noche mucho más estrellada que la que veo yo desde la plaza de Colón. Las luces de Madrid no me dejan ver el cielo, aunque me hayan transportado a él en un semáforo en rojo.